Crónica de un despertar (AMPA del Juan de Herrera)

CRÓNICA DE UN DESPERTAR

Hoy estoy contenta a pesar de la que está cayendo en nuestra ya maltrecha enseñanza pública. Me explico. Soy una madre que tiene a sus criaturas escolarizadas en el sistema público madrileño, Clara en el CEIP Antoniorrobles y Manuel y Lucía en el IES Juan de Herrera, ambos de San Lorenzo de El Escorial

Este curso podríamos decir que ha comenzado con mal pie, y estoy siendo muy suave en la consideración. Para mi el curso comenzó en julio cuando, como miembro de la AMPA, tuve noticias de la famosa instrucción del 4 de julio. Rápidamente nos movilizamos, realizamos un escrito que llevamos en mano a la Dirección de Área Territorial, registramos reclamaciones a título personal, acudimos a espacios de reflexión para contrastar opiniones y ver que se podía hacer antes de que el curso comenzara, nos dirigimos al señor Gabilondo, Ministro de Educación, en la inauguración de un curso de verano de la Complutense y nos fuimos de vacaciones siendo conscientes de que la vuelta iba a ser dura.

A comienzo de curso nuestros temores se vieron justificados. Las instrucciones empezaban a tener consecuencias más que palpables en los centros y estaba resultando muy difícil comenzar con normalidad.

Se anunciaron las primeras reuniones informativas, que en nuestro caso partieron de una convocatoria conjunta entre el claustro y la AMPA. Esto precedido de reuniones tanto entre compañeros y compañeras de la AMPA, como con la dirección del centro y representantes del profesorado.

Aquí ya empecemos a vislumbrar lo que se nos venía encima y el esfuerzo que nos iba a suponer. Pero teníamos claro que había que echar el resto informando y concienciando a la comunidad educativa, y mostrando todo el apoyo posible a las medidas que el profesorado acordase, incluida la huelga.

Así, estuvimos en la primera concentración ante la Consejería de Educación y en las sucesivas manifestaciones convocadas en Madrid. Los días de huelga, acompañamos en todas las acciones propuestas, como realizar una marcha junto al profesorado con nuestras hijas e hijos hasta la plaza del Ayuntamiento o formar una cadena humana por la educación pública.

Por nuestra parte, gracias a nuestra manifestación ante el Ministro, conseguimos una cita en el MEC con la Sudirectora de Inspección, a la que con rigor le trasladamos los temas que, a nuestro parecer podrían afectar competencialmente al ministerio.

En la primera asamblea se lleno el salón de actos con profes en activo, parados y jubilados, madres, padres y alumnado que empezaba a tomar conciencia de lo que estaba pasando. Allí, de manera espontánea, decidimos sacar la asamblea a la calle y reunirnos en la plaza del ayuntamiento el sábado inmediatamente posterior ¡nos juntamos 150! Y no sólo había gente relacionada con nuestro instituto, si no que acudió mucha gente de los coles de primaria. Fue un encuentro emocionante. Madres, padres, profes y alguna que otra alumna, pudimos hablar, reflexionar y hacer propuestas. Y allí mismo quedamos convocados para la siguiente asamblea en el IES.

No esperábamos que la siguiente asamblea tuviera el seguimiento de la primera, pero lo tuvo. Y a las caras conocidas se fueron uniendo otras, ya no era sólo una asamblea del centro, era una asamblea en la que había representación de toda la comunidad educativa de nuestro pueblo.

Los profes nos informaron de que algunos centros estaban planeando encerrase y cuando preguntaron quien apoyaría un encierro, la respuesta fue masiva, de manera que en ese instante las familias decidimos convocarlo en espera de la respuesta del profesorado.

El primer día nos visitaron alrededor de 200 personas, pernoctando unas 50. La segunda noche vino precedida de la concentración ante la Consejería de Ecuación y nos organizamos para que hubiera siempre alguien en el centro recibiendo a quienes se acercaran a apoyarnos. Era emocionante ver como se superaba el número de personas que pasarían la noche.

Pero lo de verdad emocionante fue sentir la energía que allí se concentró, el respeto con el que profes, padres, madres y criaturas se trataban, las ganas de trabajar y aprovechar el tiempo, pero sobre todo ver a nuestras hijas e hijos debatir, cuestionarse e intentar explicarse y digerir todo lo que estaba pasando para transmitírselo a sus compañeras y compañeros.

Y todo esto ¡¡en tan solo 15 días!!

Por esto hemos elegido la enseñanza pública, porque si en algún sitio se puede preparar para vivir en democracia es allí.

La educación pública es el único modelo que garantiza el mismo trato al margen de la condición económica, cultural, política o religiosa.

La educación pública es la única que puede garantizar que las aulas sean un reflejo de la sociedad plural en la que, afortunadamente, nos hemos convertido y por tanto que se pueda aprender a convivir con respeto y equidad.

La educación pública está más preocupada por poder atender adecuadamente al alumnado con dificultades, que por aparecer en los primeros puestos del ranking de centros.

Estamos asistiendo a una privatización progresiva de la enseñanza, y yo me pregunto la escuela privada concertada ¿puede ofrecer lo mismo cuando la mayoría de los centros son religiosos, o están gestionados por empresas privadas cuyo objetivo es hacer negocio, o cuando hay que abonar una cuota mensual, o cuando hay que pagar actividades extraescolares en horario lectivo, o cuando invitan al alumnado con dificultades a marcharse…?

La RAE dice que discriminar es seleccionar excluyendo y dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. A buen entendedor….

Por tanto, la educación pública es la única que puede garantizar una educación plural, inclusiva e integradora

Y es verdad, al modelo educativo público le hace falta una buena dosis de innovación pedagógica si queremos que de verdad sea democrático. Pero también es verdad que cuenta con potencial humano extraordinario, esto es lo que yo he experimentado estos días y lo que me ha hecho aferrarme con mas ahínco si cabe, a la defensa entusiasta de todos los valores que la escuela pública representa y por los que merece la pena luchar: LIBERTAD, DEMOCRACIA, EQUIDAD, RESPETO Y CONVIVENCIA.

En una de las manifestaciones a las que he acudido había una pancarta que decía La profesora luchando también está educando y estoy convencida que para mis criaturas esta será una lección de vida que no podrán olvidar nunca. Yo tampoco.

29 de septimbre de 2011.

Celia Garrido.

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